martes, 2 de septiembre de 2008

Primera fila

Cómo cantan los pájaros este año, pensé. Están como enloquecidos, parece como si quisieran hacerse oír por sobre los ruidos de la calle. O tal vez hay más pájaros que antes, me digo, quién sabe, los cambios climáticos pueden haber desencadenado una serie de respuestas atípicas en el reino animal. Eso estaría bueno, aunque me asusta un poco. De pronto, Hitchcock me viene a la mente. Decenas de pájaros rodeando la casa, volando sobre nuestras cabezas, enrareciendo el aire, llamándose entre sí con gritos ensordecedores. Pero no, estos cantan con amabilidad. No parecen dispuestos a acosar a nadie. El otro día, un zorzal traspasó los límites del jardín de la casa de unos amigos, y se paseó un rato por la cocina, buscando migas. Pero apenas advirtió que lo mirábamos, se fue. Y sin embargo, los oigo cantar más que antes. Entonces, me acuerdo. Antes vivía en un piso catorce y ahora estoy a sólo un piso de altura, cerca de las copas de los árboles que crecen en la calle y en los fondos de las casas vecinas. Y los pájaros cantan en las ramas de los árboles. Entonces no es que cantan más, es sólo que estoy, cómo decirlo, más cerca del escenario.

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