jueves, 4 de septiembre de 2008

Endorfinas

Es una sensación como de estar flotando. O más aún, de estar volando. Pero es un volar adentro de uno mismo, como si el interior se expandiera y allí tuviera cabida el universo entero, encarnado en la propia consciencia. Algo se abre con un ligero cosquilleo que permanece ahí, aleteando, promoviendo más movimientos expansivos, y cuanto más expansivos más livianos. Entonces es como si la mente se pusiera en puntas de pie para tratar de alcanzar lo que está más allá, y en ese estirarse provocara una sensación placentera en todos sus músculos, y quisiera seguir en ese estado que es a la vez de expectativas y de ausencia de deseo, en el sentido de que no importa la satisfacción porque ese movimiento es en sí mismo satisfactorio y pleno, porque se basta a sí mismo, y no tiene principio ni fin. Y no importa lo que suceda, o dónde nos encontremos, o qué estemos haciendo, es así. Siempre es así en los momentos que podríamos llamar de felicidad.

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