lunes, 4 de enero de 2010

No falla

Cada vez que siento opresión en el pecho y, por más que me esfuerzo en respirar más hondo, el aire tan ansiado parece que nunca termina de llegar a mis pulmones, antes de llamar al médico o perderme en devaneos acerca de la angustia miro la página del servicio meteorológico. Nunca falla: la presión atmosférica está baja. Eso significa que el aire no tiene, en esos momentos, la cantidad de oxígeno que estamos acostumbrados a recibir. Y aunque parezca mentira, a pesar de que los síntomas persisten por un rato (hasta que el organismo se resigna y se acostumbra a funcionar en la escasez), esa información me tranquiliza. Lo que no es poco.

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