sábado, 27 de diciembre de 2008

Libertad

Hay una mosca del lado equivocado del mosquitero. Ella no lo sabe, pero jamás encontrará lo que busca. Camina en todas las direcciones posibles sintiendo la caricia del aire limpio del exterior en esas patas peludas, pegajosas, inútiles ahora, de mosca. Cómo puede ser, si las hojas de los árboles y la savia azucarada de las ramas leñosas están ahí nomás. Cómo puede ser. Buscar otra salida es un proyecto que no tiene lugar en su sistema inteligente, al menos por ahora: tendría que alejarse de allí, de ese paraíso que está tan cerca, tan del otro lado pero ahí. Si tan sólo pudiera atravesar el alambre tejido. Tendría que volar en sentido opuesto, contrariar sus deseos. Buscar azúcar en las alacenas, debajo de la mesa, en el borde de las tazas. Pero no; sigue allí, recorriendo la superficie cuadriculada por caminos diferentes aunque siempre paralelos a la realidad anhelada. Sin tocarla jamás. Lejos, un pájaro atraviesa el cielo, y se ve tan pequeño como la mosca. Pero el tamaño de su libertad es cien, mil, un millón de veces mayor.

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